La Última Pluma del Cuervo
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Belgarath

El hombre eterno

Clan: Elegidos de Aldur
Objetos:
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Garra del Pecado Ojo de Dragón Cota del Rey de Darkia Botas del Destierro Báculo de la Cripta del Renacer Anillo de Defensa Luminosa
Señoríos Gobernados


Historia:

Era joven, huérfano y aún era conocido como Garath. Ni siquiera recordaba a mis padres y mi vida se reducía a sobrevivir realizando cualquier trabajo en la aldea, pero mis habilidades de ladronzuelo me hacían bastante indómito. Y ello terminó provocando que dejase la aldea para correr mis propias aventuras.

Pero quiso el destino que llegara a un claro donde acabé en la torre de un viejo hombre que me ayudó en mi educación, y sin que yo fuese consciente, me fue instruyendo en los secretos de la magia. Mediante toda clase de tareas, algunas de lo más estúpidas, fue forjándome para por fin revelarme su verdadero ser, que no era otro que el dios Aldur. Me convertí de ese modo en discípulo suyo y alcancé el nombre por el que ahora soy conocido, respetado y temido: Belgarath.

Recuerdo con cariño y nostalgia la época en que, tras mi aprendizaje y posterior ascenso a maestro, me instalé en el valle de Aldur junto con el resto de sus discípulos: Belgarath, Belzedar, los gemelos Beltira y Belkira, Belmakor, Belsambar y Beldin. Eran buenos tiempos y nos dedicábamos al arte de la magia y el estudio de las profecías. Bueno, y ciertos vicios inconfesables que me otorgaron mi reputación, bien ganada, de bebedor y mujeriego.

De hecho, es probablemente esa última cualidad la que terminó llevándome a conocer a Poledra, con la que acabaría casándome. Que tiempos en los que ambos nos transformábamos en lobos para recorrer la región. Y fruto de aquel amor llegarían a nuestras vidas Polgara y Beldaran.

Pero la paz no suele durar mucho cuando hay dioses de por medio y Aldur tenía cinco hermanos nada menos: Belar, Nedra, Mara, Torak, Chaldan e Issa.

Cuando Torak decidió robar el Orbe de Aldur salí a recuperarlo. Bajo la forma de lobo, entré en la Ciudad de la Noche Eterna, su santuario y logré encontrar el orbe. Pero, tras haber usado Torak el orbe para fracturar el mundo, nadie, excepto alguien con el corazón puro podría tocarlo. Por suerte la respuesta no estaba lejos, Riva Puño de Hierro. Aunque eso hizo que Riva se viera obligado a exiliarse en la isla de los Vientos, donde construyó una enorme fortaleza para proteger a los ataques externos orbe.


Tras huir de la Ciudad de la Noche Eterna y regresar a casa, descubrí que mi adorada Poledra había muerto en mi ausencia. Nunca me perdonaré no haber estado con ella en su lecho de muerte.

Al final traté de enderezar el rumbo del reino y ordené a Riva Puño de Hierro forjar una espada, y mandé a mi hija a que se casara con el rey. Y de nuevo la maldad hizo acto de presencia y provocó la muerte de ambos. Logré salvar al último descendiente del linaje junto con mi hija Polgara, rescatándolo de las aguas.

Con el tiempo, Torak volvió a reunir sus ejércitos de angaraks y regresó nuevamente a su eterna lucha. Finalmente su suerte se terminó en la conocida batalla de Vo Mimbre, donde perdió en singular combate contra Brand (Guardián de Riva). Nuevamente lo creímos muerto pero Zedar (su discípulo) se llevó el cuerpo y le dejó en un estado parecido al coma, escondido y a salvo.

Y tras la paz vino el nacimiento de Garion, una gran alegría, donde me hice pasar por un cuentacuentos que visitaba la aldea para así poder ver al niño y a mi hija Polgara. Aún me llamaban Viejo Lobo, salvo Garion que me dio el sobrenombre de Señor Lobo.

Pasaron los años y Torak despertó nuevamente cuando Garion tocó el Orbe en la celebración del Paso de las Eras y fue coronado Rey.
Pero esa historia es ya muy larga de contar y de recordar.

Ahora he venido a velar por los míos y a recuperar el poder necesario para hacer frente al nuevo regreso de Torak que las profecías anuncian. La clave de nuestra victoria está en estas tierras, en Mul-Sabbut.


Raza: Humano
Magia: Corriente Mágica de las Sombras Eternas
Rango: Neófito
   
Historial:  

Sin Historial en los torneos de la Era Isthälum