La Última Pluma del Cuervo
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la ultima pluma del cuervo
 
 
 
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Beldaran

La segunda de su nombre

Clan: Elegidos de Aldur
Objetos:
Cuchara de palo Tenedor de palo Yelmo del Poder Antiguo Vara menor de Nigromante Armadura Negra Amuleto de la Reina de Darkia Sello Oscuro
Lanza Arcana Escudo de Dragón Cota del Rey de Darkia Cetro D'aerthe Botas del Destierro Anillo de Defensa Luminosa Báculo de la Cripta del Renacer
Señoríos Gobernados


Historia:

Procedo de una ancestral casta de servidores de Aldur, lo que me produce tanto orgullo como hastío. No es fácil ser hija del salvador del mundo. No es fácil ser hija de una reina y princesa imperial dríada. No es fácil ser bisnieta y sobrina-nieta de los dos hechiceros vivos más poderosos. Pero sobretodo, no es fácil compartir nombre con una leyenda. La poderosa Beldaran, en cuyo honor me bautizaron. Mi abuela. Digna por su extraordinario poder de llevar el apelativo mago que sólo los servidores masculinos de Aldur podían usar. Esposa del poderoso Puño de Hierro. Precursora de la unión de la realeza con la hechicería, lo que aumentaba aún más su influencia. ¿Y yo qué soy? Apenas una niña que descubre día a día sus poderes, rodeada por todos aquellos que analizan mis avances con lupa. ¿Se parecerá a su abuela? ¿Llegará algún día a aproximarse al control que su bisabuelo ejerce sobre la magia? ¿Será digna sucesora de sus padres? No puedo menos que tener el porte y elegancia de mi madre, el dominio de las fuerzas de mi padre y la vena aventurera que los dos comparten.
Podría pensarse que la mayor presión familiar recaería en Geran, mi hermano mayor y heredero a los tronos de Riva, que ahora ostenta mi padre, y Tolnedra, cuyo emperador, mi abuelo Ran Borune XXIII, ya tiene cierta edad. Pero aunque es cierto que no es pequeño el cometido que le espera, tampoco eso me exime de responsabilidad. La sangre dríada que heredé de mi madre hace que se requiera mi vuelta a los bosques para continuar con un linaje del que me consideran parte, pues es tradición que las hijas de las dríadas se críen entre ellas, y también para reparar la pequeña traición que consideran que mi madre les hizo casándose con mi padre y olvidando que su deber era vivir en los bosques, hecho al que mi abuelo se niega rotundamente, porque mi título de princesa imperial no debería alejarme de Tolnedra. Y por si no fuera suficiente lo que mi vena materna exige, mi vena paterna tampoco ignora lo que consideran mis deberes. Las mujeres hechiceras de mi familia poseen un gran poder, y una gran responsabilidad adherida a él. Es por esto por lo que mi tía abuela Polgara insiste hasta la saciedad en instruirme en todos los entresijos de la hechicería, orgullosa de que hubiera heredado el mechón blanco de las magas poderosas a pesar de que mi cabello es pelirrojo como el de mi madre. Pero si algo caracteriza a la tía Pol es que su orgullo jamás la hará caer en la debilidad de ser blanda o menos exigente, así que día a día tengo que realizar las tareas que me impone para que mi magia no se descontrole y para que no tenga que conocer mi potencial de la forma en que lo hizo mi padre.
A veces quisiera ser como otros niños, sin responsabilidades tempranas que permitieran que sólo me preocupase por las cosas banales de mi edad, vestidos, peinados y juguetes. Pero entonces surgen oportunidades como la que hoy se me presenta y la losa que me aprisiona parece convertirse en plumas. Plumas como la corvina en cuya búsqueda partimos. Conocer una tierra en la que mi padre luchó en su juventud codo con codo con sus amigos. Poner a prueba todo lo aprendido, ver en acción a mi familia unida y, ¿por qué no?, liberarme por fin un poco de su férreo control, ahora que tienen algo más importante en lo que concentrarse. Despierta mi vena intrépida. Aventura, ¡allá voy! ¡Mul Sabbut prepárate!


Raza: Humano
Magia: Corriente Mágica de las Tierras Desoladas
Rango: Neófito
   
Historial:  

Sin Historial en los torneos de la Era Isthälum