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Gurghgatrueno por Biblios
17/12/2011 19:09:51

Olisqueando el aire, con su inmenso cuerpo poderosamente plantado en lo alto de la colina, Gurgh atisbaba lo que se cocía por las tierras de Mul Sabbut. Le cansaban soberanamente los tejemanejes que la guerra por la Pluma conllevaba, siempre había sido un ogro con aspiraciones sencillas. Una buena piedra en la que apoyar la cabeza para dormir, unos deliciosos sapos que llevarse a la boca y un poco de barro bien denso con el que asearse era todo lo que necesitaba para ser feliz. Miró hacia su campamento, el ir y venir de sus compañeros de lucha preparando sus artes mágicas para la próxima batalla, y no pudo evitar reparar en una masa rosa moviéndose alrededor de las tiendas entre saltitos y giros amanerados. Adoptó una máscara que rayaba entre el horror y la incredulidad. Ogros y trolls eran razas hermanas, y ese desviado, Swhinky, representaba todo lo que no debía representar uno de los suyos. De un momento a otro, el párpado de Gurgh pareció cobrar vida propia, comenzando a sufrir movimientos espasmódicos, igual que siempre que su cerebro hilaba dos ideas –Daba gracias al Gran Bubhagroo de que esto le sucediera pocas veces -, a la vez que en su cabeza imágenes de su padre, Guirgho, cuando él todavía era un niño se alternaban con las de sus compañeros momentos antes.
Mareado y con la duda martilleando aún al ritmo que marcaba su párpado, se obligó a recordar las palabras de su padre, lo cual no resultaba tarea fácil debido al gran esfuerzo que le suponía a Guirgho mantener la boca cerrada. “Ugg hijo, nojhotros todojh tener habilidad innata, pero jholo dejhpertar cuando jher momento, ugg tú deber bujhcarla cuando recordar lo que mí decirte”. Si su piel no fuera ya de ese color, Gurhg se habría puesto verde por el malestar provocado por el esfuerzo que su cerebro había tenido que hacer, y ya sentía los efectos que le sobrevendrían al tener que utilizar este órgano hasta hallar su habilidad. Qué complicado era ser ogro, y qué gracioso había resultado Bubhagroo con su jueguito de esconder habilidades…
Asintió orgulloso y se enderezó cuan largo era, lo que provocó un crujido de la columna vertebral, acostumbrada a una posición arqueada, pero no le importó, un ogro tenía que hacer lo que un ogro tenía que hacer, y él era un ogro de verdad, todo un macho audaz y valiente. Se concentró en su presa, una rana que saltaba colina abajo, le apuntó con las manos… entrecerró los ojos… movió las manos como si sostuviera un garrote invisible… y la rana continuo su tranquilo paseo… Bueno, dudaba que nadie hubiera hallado su poder al primer intento, el fallo no era grave. Volvió a concentrarse en la rana y esta vez se sacó un moco de la nariz y se lo lanzó como si éste fuera un proyectil… proyectil que no recorrió ni la quinta parte de la distancia que los separaba… Volvió a intentarlo una y otra vez, haciendo todo tipo de habilidades que se le ocurrían, pero lo más parecido a lograr su objetivo fue una mirada extrañada de la rana cuando el ogro se agachó a su lado y comenzó a cantarle “muérete rana muérete ya”. Llevaba ya demasiado tiempo con la intentona y tenía el orgullo herido por haber descendido toda la colina tras la rana sin haber logrado su objetivo. Empezaba a pensar que todo era una broma de su padre, y que de verlo no dejaría de reírse hasta el equinoccio de invierno.
Enfadado por esa idea se levantó del suelo decidido a irse por donde había venido, pero al alzar la vista vio dónde se encontraba. Un charco de dimensiones aceptables, repleto de deliciosos sapos y ranas. Su estómago crujió de gula. Al fin y al cabo después del esfuerzo se merecía una buena cena. Decenas y decenas de jugosos manjares se repartían a su alrededor, rodeándolo. No sabía por dónde empezar, todos parecían tan exquisitos, pero tenía que elegir bien, puesto que una vez que cazara a uno, muchos de los demás se le escaparían antes de poder atraparlos… Miró hacia los lados, dudoso, y su estómago volvió a agitarse, provocando que sus gases se le subieran a la boca. Preveía que su cena se iba a asustar antes de tiempo, pues lo que iba a salir por su boca no lo iba a hacer en silencio precisamente. Intentó reprimir el eructo, pero cuando fue a tomar aire para cerrar la boca herméticamente, éste se abrió paso devastadoramente por su boca, dejándole la mandíbula dolorida. Lo que vio entonces lo asustó y maravilló a la vez… Por todas partes yacían los cuerpos de los habitantes de la charca, de su ahora sí cena, muertos por la onda expansiva del gas liberado con su eructo.
Vaya, había encontrado su habilidad innata, y, para qué engañarse, le gustaba… Se moría de ganas por ver la cara de Swhinky cuando le llevara la cena esa noche.

El conjuro fue creado por Gurgh, mago de Buscadores de Gloria, tras el VIII Torneo de la Era Isthälum, "El ojo predice, la espada gana".

Pertenece a la Corriente Mágica de los Páramos Imperecederos.